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Nuestro Horno

Un poco de historia

Es en 1940 cuando Bernabé y su mujer Francisca se trasladan a su nuevo domicilio en la calle Pozo Dulce de Campo de Criptana, pueblo del que son vecinos. Esta vivienda disponía de un pequeño horno de leña “moruno” y lo usaban para que las vecinas fueran allí a cocer su pan. Ellas aportaban todos los ingredientes necesarios incluyendo la leña y, como pago por el uso del horno, Bernabé recibía un pan por cada treinta que cocían, siendo este su único beneficio. Fue Eugenia, su hija, la que le dio un impulso a la panadería, había estado años viendo cómo trataban la masa y cocían el pan. Eugenia, junto con su marido José María apodado “el Orejón”, consiguió la autorización para poder vender pan al público.

Eran tiempos de posguerra, lo que hacía más difícil levantar un negocio. Además de pan, también hacían repostería pero sólo en fechas señaladas como la Pascua y Semana Santa, magdalenas y galletas que hacían junto a las mujeres del pueblo.
José María, hijo único del matrimonio entre Eugenia y José María comenzó repartiendo el pan con tan solo 7 años. Fue en 1990 cuando heredó el negocio, que junto con su mujer Mª Teresa volvieron a darle un nuevo impulso mejorando recetas e incorporando nuevos productos, todo esto sin renunciar a los métodos tradicionales. Y desde hace años tres de sus cinco hijos, forman la cuarta generación de panaderos, garantizando la continuidad del negocio que ya cumple 75 años.

El proceso de elaboración

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